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Preguntas frecuentes sobre chaquetas de moto de verano
Una chaqueta de verano ventilada de malla está pensada para mover aire cuando vas despacio o vas parando en ciudad. En semáforos, rondas y atascos, la malla se nota porque el aire pasa directo por pecho y brazos y reduces la sensación de ir empapada. En España, con calor seco en muchas zonas y humedad en costa, esa ventilación constante ayuda a llegar con menos agobio.
Una chaqueta perforada suele tener un tacto más cerrado y zonas microperforadas para ventilar sin abrir tanto el tejido. En carretera, con aire frontal estable, da un punto de sujeción y suele “flamear” menos que una malla abierta. Si haces autovía o carreteras rápidas, ese detalle se agradece porque la prenda va más asentada y molesta menos en hombros y brazos.
La elección depende de tu ruta habitual. Si vas al curro y haces trayectos urbanos con mucho parar y arrancar, la malla suele ser más llevadera. Si haces más kilómetros seguidos y te importa que la chaqueta vaya firme, una perforada encaja mejor, sobre todo si buscas un tacto más sólido en brazos.
Para completar el equipo de verano, prioriza guantes de verano para manos frescas y buen tacto en manetas. Y si haces rutas largas, un pantalón de verano ayuda a no cocerte en muslos y rodillas cuando el asfalto está a tope.
El error típico en verano es coger una talla grande “para que entre aire”. Si sobra tela, las protecciones de hombro y codo se desplazan, y en una frenada o en una maniobra rápida dejan de cubrir donde toca. Una chaqueta de verano tiene que ventilar por diseño, no por ir flotona.
Haz la prueba de postura. Ponte la chaqueta cerrada, sube los brazos como si fueras al manillar y mueve el torso como cuando miras el retrovisor. Si el codo se queda atrás, si el hombro se baja o si el puño se te sube demasiado al estirar, esa talla no encaja. En marcha, esos fallos se amplifican con viento y vibración.
Piensa también en capas reales. En verano lo normal es ir con camiseta o con una capa base ligera. Si pruebas con sudadera, el ajuste te engaña y luego en julio queda demasiado suelta. Lo ideal es que la chaqueta abrace el cuerpo sin apretar, y que el ajuste de cintura y puños te deje cerrarla lo justo para que no entre aire por donde no interesa.
Si buscas un extra de seguridad sin convertir la prenda en un horno, monta una espaldera compatible. Y para que el interior no se quede empapado, un térmico de verano ayuda a gestionar sudor y a reducir el efecto pegajoso.
Una chaqueta de moto de verano encaja en rutas largas si mantiene ajuste estable y ventila bien en marcha. En una ruta de varias horas, el calor no viene solo del sol. Viene del motor, del asfalto y del tráfico. Si la chaqueta evacua calor, llegas menos cansada y con la cabeza más despejada.
Para carretera, fíjate en cierres y tensores. Puños y cintura bien ajustados evitan que el aire te golpee de forma irregular, que es lo que termina molestando en antebrazos y en la zona lumbar. Si la chaqueta va demasiado abierta, en autovía puede flamear y eso fatiga hombros, sobre todo con viento lateral.
El conjunto manda. Con chaqueta ventilada, necesitas guantes ventilados y un pantalón de verano que acompañe, porque el calor se acumula también en piernas. Si haces rutas con cambios de zona, por ejemplo costa y sierra, el contraste de temperatura puede ser fuerte, y ahí conviene tener una capa ligera para cortar viento cuando cae la tarde.
Si en tu zona hay tormentas de verano, mete una chaqueta impermeable ligera para encima. Te salva cuando cae el chaparrón y evitas ir con la prenda mojada y fría por evaporación al volver a rodar. Y no te olvides de los guantes de verano.
En verano, el sudor se queda en el interior y si guardas la chaqueta húmeda, el olor aparece rápido. Lo primero es ventilar al llegar. Abre cremalleras, deja la chaqueta en un sitio con aire y no la encierres en el baúl o en un armario nada más bajarte. Ese hábito alarga la vida del forro y reduce el olor.
La segunda clave es la capa base. Un térmico de verano pensado para moto reduce roce, gestiona sudor y evita que el interior se empape en la espalda. En ciudad, con paradas, esa capa se nota porque el cuerpo no se queda “cocido” dentro de la chaqueta. Además, la chaqueta se seca antes y la sensación al ponértela al día siguiente mejora mucho.
La tercera clave es el mantenimiento. Si la chaqueta permite limpieza del interior, sigue la rutina de lavado suave y secado a la sombra. Evita sol directo durante horas, porque los elásticos y el interior sufren. Si no se desmonta, prioriza aireación frecuente y limpieza puntual donde más se acumula sudor, sobre todo cuello y puños.
Para cerrar el pack, usa guantes de verano transpirables. Y si quieres mejorar el confort desde dentro, añade un térmico de verano.
En verano apetece ir ligera, pero la protección sigue siendo prioridad. Busca protecciones en hombros y codos y revisa que queden centradas cuando conduces. La ventilación no sirve de nada si la chaqueta queda suelta y las protecciones se van de sitio. Ajuste firme y cómodo. Ese es el punto.
La espalda es el siguiente escalón. Si la chaqueta admite espaldera, vale la pena montarla, sobre todo si haces carretera o autovía. Una espaldera compatible suma seguridad y también hace que la chaqueta se sienta más estable en marcha.
La visibilidad también cuenta en verano. Atardeceres con sol bajo, sombras fuertes y tráfico cargado en ciudad. Detalles reflectantes y colores visibles ayudan en cruces, rotondas y cambios de carril. Si vuelves de ruta tarde, se nota.
Para un conjunto equilibrado, combina con pantalón de verano con protecciones y monta una espaldera si buscas subir el nivel sin perder frescor.